Portada de Griffith y el Eclipse de la Moral, de Darío Huerta Callejas

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Griffith y el Eclipse de la Moral

Lee el comienzo del ensayo que examina los sacrificios, las rupturas morales y el precio de perseguir un sueño sin aceptar límites.

Antes de empezar

La segunda parte del análisis de Griffith

Esta obra continúa el análisis no oficial iniciado en El Castillo Blanco y se centra en la tensión entre propósito, responsabilidad y sacrificio dentro de Berserk.

Capítulo 1

Lee el comienzo de la obra

Introducción a la crítica de Griffith

Hay tres grandes puntos en la historia de Griffith que merecen una gran crítica. Tanto por el cinismo de los mismos, como por la irresponsabilidad que muestra al tomar tales acciones y decisiones.

Su responsabilidad como líder de la banda

El primero, desencadenante de todos los caóticos acontecimientos de la historia, es la gestión de su frustración cuando pierde el duelo contra Guts y este abandona la banda.

Es, sin ningún atisbo de duda, un comportamiento completamente infantil por parte de Griffith. Un berrinche de niño pequeño. La actitud de un niño malcriado que, tras haber sido consentido durante toda su vida y obtener siempre aquello que ha deseado, ahora se ve ante una situación en la que no puede obtener lo que desea. Así, incapaz de gestionar internamente la ira y la frustración de una pequeña derrota, se precipita él solo hacia su propia destrucción.

No es un hecho menor, puesto que este comportamiento infantil de Griffith es el que comienza a hacer girar la rueda que en unas pocas horas se convertirá en su desdichado destino. Y no solo el suyo, sino el de centenares de hombres que forman parte de su ejército y que, por culpa suya, son emboscados y asesinados sin tener siquiera la oportunidad de defenderse.

Cuando las decisiones de tus acciones te involucran únicamente a ti, como decisor, es únicamente criticable tu capacidad para ser consecuente con los resultados de tus decisiones. Pero cuando las decisiones de tus acciones involucran a más gente inocente, y no solo a ti, tiene que ser duramente criticable cualquier acción o decisión que se tome de forma precipitada e impulsiva.

Y no es lo mismo no tener tiempo para estudiar todas las posibilidades, en cuyo caso habrá que actuar y responsabilizarse de las consecuencias, que no tener la madurez suficiente como para mantener la calma. Da igual que sea una situación tensa, frustrante o demandante. Si por falta de madurez actúas sin estudiar previamente el resto de posibilidades, aún sabiendo que tus fracasos pueden perjudicar a otras personas inocentes, la responsabilidad recae directamente sobre ti.

Por eso mismo el riesgo y la precipitación a la hora de tomar decisiones ha de ser inversamente proporcional a tu responsabilidad. Tanto sobre ti mismo, como sobre los demás. De este modo una persona influyente o con varias personas a su cargo deberá siempre de tomar decisiones con mucho menos riesgo o, por contra, mucho mejor estudiadas, que una persona cuya responsabilidad y compromiso sea menor.

Es un error garrafal e imperdonable por parte de Griffith olvidarse de todas las personas que le habían ayudado a llegar hasta ahí y que luchaban a diario por ver su sueño hacerse realidad. Porque todas esas personas, aunque quizás sean incapaces de comprender las grandes ambiciones de su comandante, tienen un mundo interior y personal tan grande y complejo como el suyo propio.

Griffith podía seguir contando con ellos para cumplir su sueño más pronto que tarde si se hubiera detenido a pensar en su compromiso y confianza con estas personas. Es solo debido a un ataque de rabia infantil lleno de frustración e ira que decide dejar de lado a todas las personas que le habían acompañado hasta ese momento. A todas las personas que estaban dispuestas a arriesgar su vida para ayudarle a cumplir sus objetivos. Y sobre todo, deja de lado a todas esas personas que habían dado su vida en el campo de batalla porque confiaban plenamente en la capacidad y bondad de Griffith para hacer realidad su sueño.

Así, Griffith comete el mayor error de su vida al olvidarse de todas estas personas —tanto las vivas como las ya fallecidas— que le han acompañado en el camino. Se deja guiar por su ego interno, que le exige buscar una validación personal innecesaria. Y todo aquello que tardó dieciocho años en construir, se derrumba en cuestión de segundos por esta sola mala decisión.

Aquí lo criticable no es tener un ataque de ira y sentir la frustración ardiendo en tu pecho. Eso le puede pasar a todo el mundo. Lo criticable es no ser capaz de pensar en todas las personas que dependen de ti y de tus decisiones antes de apresurarte a tomar una decisión. Especialmente cuando ésta está movida enteramente por tu propio ego y necesidad de auto-validación

Griffith, a lo largo de toda la historia, había sido capaz de predecir cualquier situación y de trabajar en una contramedida antes de que el desastre ocurriera. Sus planes y los sistemas que había desarrollado eran lo suficientemente flexibles como para asegurar el avance hacia sus objetivos independientemente del clima, de las decisiones del ejército enemigo, o de la propia irracionalidad de sus hombres en el campo de batalla —y fuera de él—. Todo, incluso la irracionalidad humana, formaba parte del plan de acción de Griffith. Todo, excepto su propia irracionalidad. Y es que la confianza que se profesaba a sí mismo era tan grande que jamás había diseñado un sistema o una forma de actuar para cuando él estuviera indispuesto o en un momento de debilidad.

Cualquier persona que sea responsable de la vida de otro grupo de personas ha de ser lo suficientemente maduro diseñando sus sistemas de trabajo como para contar con la posibilidad de que él mismo cometa un error o esté indispuesto para continuar sus tareas. Y esto, sin duda, no formaba parte del planteamiento del líder de la Banda del Halcón.

Cerrar el libro de tus fracasos

En uno de los muchos enfrentamientos militares de Code Geass —anime cien por cien recomendado— encontramos a Kyoshiro Todoh peleando por quinta o sexta vez contra el ejército de Britannia.

Todoh es el mejor líder y estratega de la resistencia japonesa. También es la mente maestra detrás del milagro de Itsukushima, en donde muy pocas tropas del Frente de Liberación Japonés —lideradas por él mismo— fueron capaces de derrotar a un ejército enorme de Britannia, aún cuando absolutamente nadie creía que Japón tuviera ninguna posibilidad.

Desde ese entonces Todoh había sido venerado por sus seguidores y coronado como el Hombre de los Milagros. De tal forma que todos los hombres que luchaban junto a él tenían confianza plena en alzarse con la victoria en cualquier enfrentamiento.

En esta batalla de la que estábamos hablando, Todoh volvía a estar ampliamente superado por las tropas del ejército enemigo. Pero su cabeza estaba llena de estrategias. Conocía el terreno de la batalla y sus soldados confiaban plenamente en él.

Aún así, los soldados enemigos presionaban cada vez más a sus hombres. La diferencia en número era tan abismal que el ejército de Japón tenía cada vez más bajas sin reportar un solo rasguño en el ejército enemigo. Todos estaban expectantes del siguiente movimiento de Todoh.

De repente, suena la radio en los vehículos de todas las tropas. Es Todoh. Con un único plan. Todas las tropas a partir de ese momento tienen un único propósito: “nos retiramos”.

“Repito. Nos retiramos.”

La segunda persona al mando se acerca muy enfadada hacia Todoh y llena de rabia y frustración le reprocha lo siguiente: “¿Cómo que nos retiramos?” “¡La batalla todavía no está perdida!” “¡¡Todos están esperando un milagro!!”

La contestación de Todoh ante tal reproche es tan sencilla que se hace difícil de entender:

“Hay una gran diferencia entre una batalla perdida y una que no se puede ganar.”

Tras esto, todos sus comandantes cierran la boca y proceden con la retirada que tan correctamente había ordenado su general.

Y es que hay decisiones que son más beneficiosas que cualquier milagro. Pero muchas veces no somos capaces de verlas.

Un milagro no tiene por qué ser siempre una acción. Un milagro puede ser perfectamente una omisión.

Un milagro puede ser que un adicto a las drogas consiga rehacer su vida. Pero un milagro aún mayor sería cambiar la historia y que esa persona nunca llegara a probar las drogas.

Un milagro puede ser el salvar la vida de un paciente que ha tenido un accidente de coche. Pero un milagro aún mayor puede ser evitar ese accidente antes de que ocurra.

Un milagro puede ser derrotar al ejército de Britannia con sólo diez supervivientes del Frente Japonés. Pero un milagro aún mayor puede ser salvar la vida de todos los soldados posibles. Que seguirán luchando a tu lado en más batallas y vencerán a Britannia en los próximos enfrentamientos sin desperdiciar en vano su vida.

Esa es la diferencia entre una batalla perdida y una que no puedes ganar.

Los comandantes del Frente querían seguir peleando porque todavía no habían perdido.

Todoh, el Hombre de los Milagros, era consciente de que una vez hubieran perdido, ya no habría vuelta atrás. Estaba frente a una batalla que no podía ganar, pero no frente a una batalla perdida.

Sus hombres iban a seguir peleando hasta ser aplastados en el campo de batalla. Pero él no quería eso. Entendía que debían dar un paso atrás, reagruparse, recobrar fuerzas, y volver con más energía a la siguiente batalla.

A veces el mayor milagro es ser capaz de analizar la situación de manera realista cuando las cosas van mal. La rabia, la ira y la frustración son emociones que fácilmente nos ciegan y nos conducen a morir en el campo de batalla, sin siquiera valorar otras alternativas diferentes. Eso es justo lo que le ocurrió a Griffith. Cegado por la ira y la frustración se apresura en su plan de seducción de la princesa Charlotte y la propia inercia de sus acciones le conducen hasta su propia perdición.

En esta vida es importante asumir riesgos moderados y buscar maneras de avanzar. Pero has de ser consciente de que fracasarás en numerosas situaciones. La clave aquí no está en insistir hasta que todo lo que intentes sea un éxito. La clave es saber cerrar el libro de tus fracasos y prepararse para empezar la siguiente historia.

Que Griffith tuviera esa exacerbada confianza en sí mismo y no se hubiera planteado nunca qué hacer en el caso de una derrota como aquella deja mucho que desear de sus capacidades como líder. No solo por no haber pensado que ese era un escenario posible, sino por desentenderse por completo de sus responsabilidades como comandante de la banda. Así, se apresura de manera reactiva e inmadura a tomar unas acciones que condicionarían la vida del resto de personas que tanto confiaban en él.

El Sacrificio de sus amigos

Cambiar aquello que amas por aquello que deseas.
Cambiar aquello que ya tienes por aquello que tendrás.

Mucha gente cree que Griffith toma la decisión de sacrificar a sus amigos completamente a la ligera. Porque había sido un cínico manipulador hasta ese punto de la historia y no había creado lazos valiosos con ninguna persona de su banda. Pero en realidad es todo lo contrario. El líder de la Banda del Halcón había creado lazos muy estrechos con todas y cada una de las personas que luchaban por ayudarle a cumplir su sueño y formaban parte de su banda. La explicación más clara de ello es que para ascender a La Mano de Dios debes sacrificar aquello que más amas en el mundo. Y en el caso de Griffith, esa descripción encaja con los miembros de su banda, la Banda del Halcón.

Si el sacrificio de Griffith hubiera sido banal y sin importancia, el debate expuesto en este libro sería muy diferente. Ese detalle lo cambia todo. Es igualmente criticable sacrificar a desconocidos por poder que sacrificar a tus seres queridos por poder. Pero creo que estarás de acuerdo conmigo en que lo segundo pesa mucho más que lo primero. Y el sacrificio de Griffith es del segundo tipo, no de primero —como cree mucha gente que pretende rebajar la imagen de Griffith a la de un psicópata sin sentimientos ni afecto por las personas de su alrededor—. Es por este motivo que su decisión es millones de veces más reprochable. Por cumplir su sueño está traicionando por completo a la gente que confiaba en él, e incluso está traicionando por completo a la gente en la que él confía, y a la gente que él más ama.

Primero que todo, ¿qué derecho tiene un individuo a arrebatar la vida a los demás por buscar un bienestar personalísimo?

Desde luego Griffith toma esta decisión desde el más puro ego personal. La única persona que le viene a la mente cuando toma esta decisión es él mismo. De otra forma, no creo que sea posible tomar una decisión de tal magnitud sabiendo que las personas que más quieres morirán delante de tus ojos. Es imposible si estás pensando en esas personas y viendo sus caras en tus recuerdos con ellas.

Durante toda la historia Griffith había expresado un cinismo y un comportamiento maquiavélico muy beneficioso para toda la banda. Pero ahora es duramente criticable el cinismo y el maquiavelismo con el que, mirando única y exclusivamente por su bienestar personal, toma la decisión de terminar con la vida de todos sus amigos. Únicamente para poder seguir él mismo luchando por su propio sueño.

Y es que, volviendo al punto anterior, toda esta indiferencia y rabia con la que Griffith sacrifica a la banda y después viola a Casca y obliga a Guts a mirar viene provocada por su propia incompetencia. Su reacción inmadura y motivada por la frustración de perder el duelo contra Guts son el preludio de un Griffith completamente roto y destrozado. La falta de control en sus acciones y la poca resistencia a la frustración son los catalizadores que terminan por conducirle a cometer el mayor error de su vida. Después de eso nos encontramos con un Griffith irreconocible. Pero como decíamos antes, todo lo que se rompe inventa a su enemigo.

El cerebro no es capaz de asimilar la idea de que él mismo ha sido el causante de su desdicha. Una mente rota necesita inventar un enemigo en el que focalizar la ira y la culpa acumulada. Ya que una mente destrozada jamás va a usarse a ella misma como foco de la culpa. Es un instinto natural. Una herramienta de la evolución para evitar que terminemos con la poca cordura que nos queda cuando las cosas van realmente mal.

De esta forma, tras un año entero de torturas y humillación, Griffith está más que preparado para ver a Guts como su mayor enemigo.

Aún así, es precisamente Guts quien le rescata y protege su vida varias veces mientras escapan del reino de Midland. Y de esta forma parece que, poco a poco, Griffith se va centrando en recuperar su cordura. Sin embargo, momentos después se entera de que Casca ya no siente nada por él, sino que ahora ama a Guts. Y eso le revuelve las tripas. La persona que fue causante de su desdicha ahora le arrebataba lo único que le quedaba. La luz del Sol desaparece poco a poco. La Luna se tiñe de rojo. Y como decía Allan Poe: se olvidan años de amor en el odio de un minuto.

La violación de Casca

Hay que ser muy hijo de puta para violar a la persona que más ha confiado en ti y hacer mirar a su pareja.

Hay que ser muy hijo de puta para violar. Eso para empezar. Pero todavía hay que serlo muchísimo más para hacer lo que hizo Griffith.

Violar a otra persona requiere ser una persona desalmada sin capacidad de empatía, enfermamente perturbada, y con un amor propio completamente destrozado. Pero es que en el intervalo en el que Griffith se convierte en Femto, convergen los cuatro jinetes del apocalipsis. Tiene la receta perfecta para ser el mayor hijo de puta de la historia:

  1. Su exacerbado ego; causante de que en ningún momento de la historia el comandante de la Banda del Halcón piense que una vida vale más que sus objetivos y ambiciones personales. Para él su objetivo vital es lo más importante del mundo. Mucho más que la vida de cientos de miles de seres humanos. Y como es su objetivo personal, solo él puede cumplirlo. Es por eso que su vida es también infinitamente más importante que la vida de los demás. Su leyenda personal —su misión— le da el derecho de caminar sobre la vida del resto de personas.
  2. La frustración de haberlo perdido todo; causante del rencor y la envidia de Griffith. Especialmente hacia Guts, quien alguna vez fue su más fiel compañero, pero que ahora se había convertido en un traidor hacia el que dirige toda su ira y pensamientos negativos. Quizás incluso siente cierta frustración por la incompetencia de sus hombres, quienes tardan un año entero en rescatarlo. Para Griffith la culpa de su desdicha puede ser proyectada sobre cualquier persona excepto —irónicamente— sobre él mismo.
  3. Poder ganado con facilidad; causante de las mayores catástrofes de la historia. No hay nada más peligroso que alguien con poder que no se ha esforzado para conseguir ese poder. Porque en ese caso tiene la capacidad para influir en millones de vidas, pero no es consciente de la responsabilidad que ello conlleva. El poder ganado con facilidad rápidamente se transforma en una sensación ilusoria de omnipotencia. Y este es justo el caso de Femto. No solo tiene una sensación descontrolada de omnipotencia, sino que de verdad se ha transformado en un ser omnipotente. Un nuevo ser recién nacido con el poder de un semidiós. Con tanto poder que su propia mente es incapaz de controlar su cuerpo. Por eso, en cuanto ve a Casca, su amor prohibido, lleno de ego, frustración y poder, se lanza envuelto en lujuria hacia ella y comienza a violarla sin pudor alguno.
  4. Falta de amor propio; causante decisivo de los actos más inmorales de la historia. Porque alguien con poder y una falsa sensación de omnipotencia puede causar una masacre, sí, pero siempre y cuando tenga amor propio sus acciones irán condicionadas por sus creencias del bien. Nadie hace el mal porque sí. Todo el mundo primero tiene una justificación y luego actúa. Todo el mundo, excepto quien carece de amor propio. Aquel que carece de amor propio hace el mal simple y llanamente porque piensa que se tiene que vengar del mundo. Porque piensa que el mundo ha sido injusto con él y le han obligado a ser quien es. No porque él quiera, sino porque no tenía más opción. Por eso es que cuando alguien así obtiene poder su primer instinto es la venganza. Tal y como hizo Femto —el alma de Griffith al descubierto— nada más nacer.

Con estas cuatro características combinadas en una sola persona es que Griffith se lanza sobre Casca, la viola, y obliga a Guts a mirar una y otra vez cómo se aprovecha de su indefensa compañera sin ningún tipo de remordimiento.

Este último gesto suyo nos demuestra todo lo que puede degenerar el brillante héroe de la historia en tan solo unos pocos minutos. Griffith pasa de ser el ejemplo de la virtud misma —con todas las características propias de una persona capaz de luchar por sus objetivos y hacerlos realidad— a ser el ejemplo de la degradación máxima que puede sufrir un ser humano.

Cambia la empatía, el autocontrol y el amor propio por la insensibilidad, la degeneración y una completa carencia de amor y confianza en sí mismo. Y si bien la insensibilidad y la degeneración psicológica son dos patologías preocupantes, no puedo hacer suficiente hincapié en lo preocupante que me parece la falta de amor propio en cualquier ser humano. Todavía más para el motivo que atañe a esta serie de libros.

Si la confianza en uno mismo es la virtud principal para perseguir tus objetivos, la falta de amor propio es el mayor obstáculo en la consecución de los mismos. Y sólo alguien como Griffith en ese momento, con una completa falta de amor y confianza en sí mismo, es capaz de cometer unos actos tan crueles y desesperados. Dejando así completamente de lado la empatía que le puede ayudar a pensar en el resto de personas.

Después del primer capítulo

El Eclipse abre un juicio sobre la ambición y sus límites

La edición completa profundiza en las decisiones de Griffith para separar tres cuestiones distintas: qué quería conseguir, qué circunstancias lo condujeron hasta la caída y de qué actos continúa siendo responsable.

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