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Griffith y el Castillo Blanco
Comienza el recorrido por la ambición, la disciplina y el sueño de Griffith antes de que el castillo blanco quede eclipsado por sus consecuencias.
Antes de empezar
Análisis no oficial de Berserk
El libro estudia la figura de Griffith como símbolo de ambición, liderazgo y construcción de un propósito. No está afiliado ni autorizado por los titulares de Berserk.
Lee el comienzo de la obra
Breve Introducción al Manga Berserk
Berserk es una obra manga japonesa que comenzó a publicarse en 1989 en la revista japonesa Young Animal. Está basado en la época de la Edad Media con una remarcable ambientación de fantasía oscura.
Su autor, Kentaro Miura, saltó rápidamente al ojo público gracias a su sobresaliente capacidad de dibujo y su alta atención al detalle, las cuales combinaba con un mundo devastado lleno de escenas grotescas y perturbadoras.
A pesar de sus características tan identificativas, el manga no trata el género del horror, sino el de la acción y la fantasía. De esta manera nos cuenta la historia de Guts, un niño rescatado por un grupo de mercenarios. Éstos le salvan la vida y lo entrenan en el manejo de la espada desde que es capaz de empuñar un palo.
Lo oscuro y grotesco de la historia comienza ya desde el capítulo 1. En él vemos cómo Guts nace del cadáver de una mujer embarazada, ahorcada en el bosque junto con otra docena de cadáveres diferentes. Es en esta escena cuando el grupo de mercenarios que cabalgaban por el bosque escuchan el llanto de un niño y deciden rescatarlo. Luego lo entrenan sin piedad desde que apenas era capaz de andar.
A pesar de que la historia se nos cuenta desde el punto de vista de Guts, toda ella se enfoca en Griffith, el capitán de una banda diferente de mercenarios a la que Guts termina uniéndose más adelante y con los que entabla una gran amistad.
Mientras escribía Berserk, Kentaro Miura, con el personaje de Griffith se propuso contar la historia de Lucifer / Luzbel (del latín lux ‘luz’ y ferre ‘llevar’: ‘portador de luz’), al que en los textos clásicos de los libros sagrados de diferentes religiones se representa como el ángel más bello y puro de la creación —el Portador de Luz—. Este ángel —el más perfecto— fue llenándose de vanidad y envidia hasta terminar rebelándose contra Dios.
De esta forma Luzbel perdió todo su brillo en la batalla contra Dios y fue desterrado al Infierno, perdiéndolo todo, incluido su nombre. Pasó a llamarse Satanás —o Satán— (del latín Satāna, y este a su vez del hebreo ha-satán, «adversario, enemigo, acusador»).
Toda la historia de Berserk parte y se desarrolla en torno al sueño de Griffith y sirve como escenario para preparar su caída. Para mostrarnos cómo el personaje más brillante, bondadoso y prometedor de todos traiciona las expectativas de todos los espectadores y se convierte en el ser oscuro, despreciable y nauseabundo que conocemos tras El Eclipse.
En este libro hablaremos del desarrollo de la historia previo a El Eclipse. Conoceremos más en profundidad el objetivo vital de Griffith, sus anhelos, motivaciones y ambiciones, así como los medios de los que dispone y los medios que es capaz de fabricar para alcanzar su fin. Será en el siguiente libro, Griffith y El Eclipse de la Moral en donde analizaremos más en profundidad la ética y moral de su objetivo vital, de su filosofía de vida, así como de sus decisiones y acciones.
UN ENSAYO SOBRE LA IMPORTANCIA DE PERSEGUIR TUS SUEÑOS
El Efecto del Castillo Blanco.
El Efecto del Rey de los Piratas.
El efecto del Gran General bajo los cielos.
Llámalo como quieras.
Sueña alto.
Y llegarás alto.
Te decía en uno de mis anteriores libros que no hay nada peor en la vida que apuntar bajo y que te vaya bien.
Evidentemente no he cambiado mi opinión al respecto.
De ahí nace este libro: Griffith y el Castillo Blanco: Cómo Perseguir Tus Sueños. Porque Griffith es un personaje admirable. Su sueño, realmente ambicioso, es un ejemplo a seguir. Todo alrededor de la construcción de este personaje es digno de un buen análisis y servirá para proporcionarte algunos de los mejores aprendizajes posibles para la vida, entendida como una carrera de fondo. Una carrera a largo plazo.
Y sí. Estoy hablando de Griffith. No de Femto. Hagamos una clara distinción aquí. No es lo mismo Griffith que Femto. Al menos no para el motivo de este libro. Y tampoco lo será para el motivo del siguiente libro:
Griffith —Femto— y el Eclipse de la Moral: Los Sacrificios al Perseguir tus Sueños.
¿Cómo puedes conocer cuál es tu objetivo en la vida?
Griffith tiene un objetivo en la vida.
Desde que era pequeño, ha tenido un objetivo en la vida. Y dirige todos sus pensamientos y esfuerzos en conseguir un objetivo tan noble como el que él anhela.
Un castillo blanco.
El Castillo Blanco.
SU Castillo Blanco; elevándose sobre una ciudad gigante en donde solo existe el bien, la solidaridad y la abundancia. Una ciudad sin discriminación, conflictos, ni sufrimiento. Un paraíso sobre la tierra.
Griffith creció y pasó sus primeros años en las calles de un país desconocido para el espectador. Presumiblemente huérfano de padre y madre. Rodeado de una pobreza tan extrema que muchos días se le hacía difícil incluso encontrar una rebanada de pan para comer.
En estas mismas calles no sólo creció él. También creció su sueño. Junto a un pequeño grupo de amigos con los que formó una pandilla callejera. Durante el día jugaban y peleaban contra otras pandillas de niños. Durante la noche Griffith observaba un lejano castillo que brillaba en lo alto de una montaña.
Durante todas esas noches de soledad y tiempo libre es que tomó la decisión de algún día poseer también un castillo como aquel. Inamovible con el paso de los días. Brillante y resplandeciente durante las noches.
Puede parecer un objetivo banal. Un objetivo infantil. Un objetivo absurdo.
Pero nada más lejos de la realidad.
Ningún objetivo es absurdo.
Todo lo contrario.
Se necesita un objetivo para dar sentido a la vida. Y la parte más complicada de todas no es cumplir tus objetivos, sino descubrir verdaderamente cuál es el objetivo que hace hervir la sangre en tus venas.
Si algo hace especial a Griffith respecto al resto de personajes de la obra es que él tiene un objetivo firme y una fuerza de voluntad única. Lo suficientemente poderosa como para perseguir su objetivo vital por encima de cualquier dificultad, peligro o interferencia. Incluso por encima de cualquier persona, beneficio o propósito.
Griffith no va a dejar de perseguir su sueño por compasión hacia otras personas. No va a desviarse de su sueño por obtener otros beneficios que surjan por el camino. Ni va a abandonar su sueño por otros propósitos que puedan nacer durante su aventura.
Hay dos premisas que hacen que la vida de cualquier persona valga por completo la pena:
- La primera es conocerte lo suficiente como para saber reconocer cuál es tu objetivo vital.
- La segunda es ser capaz de adaptarte lo suficiente a la vida que te ha tocado vivir como para llegar a cumplir ese objetivo.
Griffith cumplía a la perfección esta primera norma. Y estaba en el camino correcto para cumplir la segunda también.
El Objetivo Vital
Cuando tienes un objetivo vital, lo sabes.
Te quema por dentro.
Cuando no lo tienes y no te has detenido el suficiente tiempo a pensar en cuál es tu objetivo vital, quieres creer que lo tienes. Eso es lo que te queda. Creer que lo tienes.
Todos necesitamos incentivos. Objetivos para vivir. Pero si no has invertido suficiente tiempo en ejercicios de introspección, en conocerte a ti mismo y entender realmente cuál es tu propósito en el mundo, fácilmente puedes caer en la degeneración de tu objetivo vital.
Cuando no sabes realmente qué es lo que has venido a hacer a este mundo, es fácil envenenarte de pensamientos abstractos. Pensamientos muy amplios y generales. Pensamientos —por ejemplo— centrados en cumplir un canon de normas morales que te hagan sentir realizado.
Cuando no puedes experimentar la sensación de perseguir el objetivo correcto, solo te queda el consuelo de saber que haces lo correcto.
Decía Ortega y Gasset que aquel que no tiene un objetivo en la vida, aquel que no se siente realizado con la persona que es en privado, solo puede conformarse con sentirse realizado con la persona que es de cara al público. Y es que estas personas no persiguen un objetivo, sino el cumplimiento de los valores morales que consideran correctos. Todos hemos pasado por esto.
Por otro lado, aquel que descubre su objetivo abandona rápidamente la idea de tener como faro unos valores morales. Desaparece un objetivo tan abstracto como el de la moralidad y ésta se convierte en el camino para llegar hasta cierto punto. Pero nunca en el destino. Cuanto más criticas la moralidad de las acciones del resto de personas, más te adentras en este laberinto, y más lejos estás de encontrar tu propósito.
Tener unas ideas claras y un objetivo claramente dibujado en tu cabeza hace que te olvides de buscar imperativos morales que se apliquen a todo el mundo.
Tus valores morales construyen el camino hacia tu objetivo. Pero en ningún momento necesitas pararte a pensar sobre ofender o no los valores morales del resto de personas.
TU Objetivo Vital
Hoy en día la inteligencia es algo muy controversial y difícil de medir. Tiene una infinidad de descripciones y aplicaciones diferentes, pero entre todas ellas hay una especialmente introspectiva. Bajo esta teoría —yo la descubrí por primera vez de la mano de Naval Ravikant— la inteligencia tiene dos fases:
- ¿Hasta qué punto has sido capaz de adaptarte a la realidad para cumplir tus objetivos?
Y la principal y más importante de todas:
- ¿Hasta qué punto has sido capaz de entenderte a ti mismo, junto con tus necesidades y objetivos vitales?
Muy poca gente es capaz de aceptar que la realidad es como es, no cómo le gustaría que fuera. Muy poca gente acepta jugar con las cartas que le han tocado hasta cumplir sus metas, sin perder tiempo innecesario en quejas ni reproches. Pero todavía menos gente es capaz de dar el primer paso: entender cuáles son sus necesidades y objetivos reales.
Descubrir tus objetivos vitales pasa inevitablemente por dedicar un gran tiempo a la reflexión y la introspección. Es necesario que descubras quién eres y qué deseas en lo más profundo de tu ser para poder lanzarte a ello.
Si estás en un momento de tu vida en el que todavía no sabes qué es lo que quieres, tendrás que gastar —invertir— mucho tiempo en estar a solas contigo mismo y tus pensamientos. Dando paseos cada día, meditando, reservando tiempo para estar echado en la cama mirando al techo… Hay muchas oportunidades diarias para rumiar ideas y centrifugar tus pensamientos. Después tendrás que tomar acción e ir valorando por ti mismo si esa idea tan maravillosa e improvisada tiene la capacidad de alimentar tu entusiasmo vital por muchos años. Lo normal es que, cuanto más reflexiones, más consciente vayas siendo sobre el entorno que te rodea y el valor que tú, como persona, puedes aportar tanto a tus seres queridos, como a una comunidad específica de personas dispuestas a escuchar el mensaje que deseas transmitir.
En cualquier caso, vivir no es un ejercicio individual. No es un ejercicio de ego. Sino uno de solidaridad.
Consiste mayoritariamente en encontrar al grupo correcto de personas a las que aportar valor como individuo, y con las que compartir aprendizajes y seguir creciendo. No durante un día, ni durante un mes, ni durante un año. Sino durante toda la vida.
Los mensajes de “sé tú mismo”, “no te preocupes por lo que digan los demás”, etc… están muy bien si solo te preocupa tu propio ego y no te molesta ser una persona destinada al fracaso en cualquier actividad que hagas. Pero los mensajes realmente importantes —los que una persona adulta fácilmente puede seguir para vivir una vida feliz y plena— son los siguientes:
- “Sé la mejor versión de ti con la que proveer y cuidar a tus seres queridos.”
- “Preocúpate por lo que dicen los demás. Porque esa preocupación es algo instintivo y natural. Y procura que lo que dicen los demás de ti describa exactamente a la persona que quieres ser. Si no puedes contar con los demás, nada tiene sentido.”
Y es que siempre te han dicho que para ser feliz no te tiene que importar lo que piensen o digan los demás. Pero todo eso es una farsa. Nada más lejos de la realidad. Tienes que DE VERDAD preocuparte por lo que piensan y dicen los demás de ti.
No sirve de nada intentar activamente no preocuparte por eso. Los seres humanos no somos así. Nos preocupa. Nos guste o no. Y la única solución realmente coherente es trabajar y esforzarte en que los demás estén a gusto contigo y en sentirte realizado como persona. Tienes que contribuir positivamente en la vida de los demás. Quizás no con todos, pero al menos sí con el círculo que a ti te importa.
Tienes que trabajar y esforzarte porque lo que otros piensen de ti sea realmente lo que tú quieres que ellos piensen de ti. No que no te importe; sino que sea coherente con lo que tú quieres que piensen de ti.
Si un comentario ajeno sobre tu físico, tu intelecto, tu forma de ser… te resulta indiferente desde el principio es porque realmente tus objetivos y aspiraciones personales no van por ese lado. En el momento en el que un comentario ajeno te molesta significa que te gustaría poder abordar ese asunto desde una posición diferente.
Si te molesta que alguien comente que estás demasiado gordo, es que te gustaría adelgazar. Si te molesta que hablen de la poca cultura general que tienes, es que te gustaría saber más. Y si te molesta que alguien diga que eres demasiado impulsivo, es que te gustaría cambiar eso.
En el momento en el que decides aceptarte “tal y como eres” estás intentando restar valor a las emociones negativas que te producen esos comentarios. Pero en ningún caso estás intentando solucionar el problema.
La solución no es llegar a ser una persona impermeable a los comentarios ajenos. Eso es una estupidez. Es tapar la herida sin intentar curarla. La única solución real es llegar a ser la persona que, en primer lugar, no recibe ese tipo de comentarios. Y muchas veces, mientras intentas ser esa versión mejor de ti mismo, terminarás fracasando. Y muchas veces, tras haber fracasado, te darás cuenta de que el esfuerzo de intentar cambiar ha sido suficiente como para dejar de lado ese complejo. Antes estaba en disonancia con la persona que deseabas ser, pero al intentar cambiarlo te has dado cuenta de que ese “defecto” no es importante para definir tu identidad, y has aprendido a aceptarlo.
En otra gran mayoría de ocasiones llegarás a tu objetivo, y en vez de tapar un complejo, conseguirás deshacerte de él. En cualquiera de los dos casos el objetivo es el mismo: que no exista la necesidad de ignorar lo que los demás piensan de ti. Porque vivimos en sociedad, somos seres sociables, y desde luego nos importa lo que piense el resto.
Pero para llegar a este punto es necesario descubrir cuál es tu camino a seguir. Qué prioridades tienes y cuál es tu objetivo último.
La diferencia entre un objetivo a corto plazo y uno a largo plazo
Es muy distinto perseguir un objetivo a corto plazo que uno a largo plazo. Pero ambos son igual de importantes en la consecución de tus metas.
Aún así, ten en cuenta lo siguiente:
Sobrevaloramos enormemente lo que nos da tiempo a hacer en un año, e infravaloramos descomunalmente lo que nos da tiempo a lograr en cinco.
Digo esto porque es importante que partas con una perspectiva lo más realista posible a la hora de perseguir tus intereses vitales. Tanto a corto como a largo plazo.
Profundizando un poco más en los primeros, los objetivos a corto plazo pueden ser de dos tipos:
- Hitos en tu propósito a largo plazo.
- Propósitos por sí mismos.
Puedes colocar el marcapáginas aquí por un momento e intentar escribir en una hoja de papel tres objetivos a corto plazo que te gustaría realizar durante los próximos 365 días. Cuando los hayas anotado puedes salir a dar un paseo mientras piensas en cuál es uno de tus objetivos vitales a largo plazo. No tiene que ser algo demasiado concreto ni razonado. Normalmente el cuerpo ya sabe cuáles podrían ser algunos de sus principales objetivos de vida.
Una vez hecho esto, puedes apuntar en una hoja de papel los tres primeros pasos que debes dar para acercarte hacia esa meta. Con esto ya tendrás una guía más o menos clara sobre qué objetivos perseguir. Pero cada uno tiene una fórmula diferente. No es lo mismo perseguir un objetivo a corto plazo, que uno a largo plazo.
A la hora de perseguir un objetivo a corto plazo siempre se puede depender de la capacidad de disciplina y del deseo por cumplir esa meta. En cambio, cuando se persigue un objetivo a largo plazo, la disciplina y el deseo pierden casi toda su magia. Para perseguir una meta a largo plazo lo que más se necesita es Identidad: la identidad del tipo de persona que persigue ese objetivo, lo disfruta, y no descansa hasta conseguirlo. De otro modo, perseguir un objetivo a largo plazo que no está alineado con tu identidad no tiene ningún sentido. Se convertirá en un agobio más que en una fuente de realización personal.
Aún así, antes de formar tu identidad, con el propósito de avanzar hacia estas metas a largo plazo, un pequeño truco muy interesante consiste en proponerte un reto al día. Da igual cuál. Pero un reto al día. De tal forma que con este pequeño hábito llegues a adquirir muchísimas más habilidades en el día a día, además de una mayor constancia, y una mejor confianza en ti mismo.
Todo esto te ayudará a perseguir de mejor manera las metas a largo plazo, ya que las competencias que se necesitan para tener éxito son como una bola de nieve: a más habilidades tengas, más fácil te será seguir adquiriendo más habilidades. Y al ver la facilidad con la que puedes aprender y cumplir objetivos, aumentará la confianza en ti mismo y en tus habilidades, haciendo todavía más asequible el proceso de seguir creciendo como persona.
Un día puedes, por ejemplo, proponerte caminar varios kilómetros. Al siguiente, leer cincuenta páginas de un libro. Luego, cocinar el plato más suculento que hayas hecho nunca. Etc… Hay cientos de pequeños récords personales que te puedes poner cada día.
Es importantísimo, eso sí, que sean retos que encajen dentro del tiempo y capacidades de los que dispones. Un hábito no sirve de nada si en vez de ser realista es ambicioso. Es mucho mejor tener hábitos realistas que ambiciosos. Recuerda que para cumplir tus objetivos hay dos pasos previos:
- Conocerte lo suficientemente bien como para entender cuál es tu objetivo.
- Trabajar en construir la identidad del tipo de persona que cumple esos objetivos.
Apuntar Alto
Lo decía en uno de mis otros libros, lo he repetido al comienzo de este, y lo vuelvo a repetir ahora: La mayor desgracia que le puede ocurrir a un ser humano es apuntar bajo y que le vaya bien.
Ninguno de los miembros de la Banda del Halcón tiene ningún incentivo para cambiar su forma de vida. Aunque todos nacieron llenos de sueños y esperanzas, decidieron rendirse y vivir una vida cómoda. Algún día morirán en el campo de batalla, pero mientras tanto intentan pasárselo bien entre una batalla y la siguiente.
Y es que si no tienes ambiciones ni metas y llevas una vida relativamente tranquila, es muy fácil que caigas en la tentación de seguir viviendo por inercia. Sin cambiar nada. Una vida mediocre, con una capacidad de esfuerzo mediocre, para conseguir unos resultados mediocres, en el mejor de los casos.
El instinto de todos los seres vivos nos impulsa siempre a mantenernos en movimiento con la inercia del día anterior y sin realizar grandes cambios. El cerebro, tras años de evolución, ha sido diseñado para sobrevivir cada día consumiendo el mínimo de energía posible. Cambiar algo, obviamente, conlleva mucha más energía que no hacerlo.
John T. Gourville estudió la competencia de productos similares en el mercado y descubrió que no es nada fácil conseguir que un usuario acomodado al uso de un producto decida dejar de usarlo para cambiarlo por otro similar. De hecho, los usuarios de un producto no cambian sus hábitos por ningún producto que les ofrezca el doble de beneficios. Esa estimación se quedaba muy corta. De media hace falta que los usuarios de un producto perciban que el producto de la competencia es nueve veces más beneficioso antes de tomar la decisión de cambiar de marca.
La comodidad mueve al mundo. Mejor dicho: lo detiene.
Por eso no hay nada peor que no tener ambiciones y que aún así te vaya lo suficientemente bien como para no intentar cambiar.
Una persona sin ambiciones para cambiar su estilo de vida necesita estar experimentado una angustia nueve veces mayor que el esfuerzo que requeriría dejar algunos malos hábitos de lado y trabajar en construir algunos nuevos y más beneficiosos. Y eso es mucho margen para arruinarte la vida. Demasiado.
Puedes estar desfalleciendo de hambre y aún así no tener aspiraciones a cambiar.
Uno de los únicos motivos por los que una persona con una vida completamente desestructurada puede decidir cambiar de hábitos es el hecho de tener un hijo. Hay pocas motivaciones mayores que la responsabilidad que te da el tener un hijo. Y aún así, el porcentaje de personas que decide cambiar sus hábitos al tener un hijo es mucho menor que el porcentaje de personas que deciden seguir viviendo la vida que vivían hasta ese momento. Siguen viviendo su vida con una capacidad de esfuerzo totalmente mediocre, unos resultados totalmente mediocres y una calidad de vida totalmente mediocre. Solo que ahora tienen un hijo del que hacerse cargo.
Si por el contrario te pones retos muy pequeños y cumples rápidamente tus expectativas, aún te quedarás estancado más rápido.
No solo tienes que esforzarte por cumplir objetivos, también es necesario que esos objetivos requieran cierto esfuerzo.
Apunta alto.
Sin miedo.
Tienes toda una vida por delante para centrarte en un único objetivo absurdamente exigente y hacerlo realidad.
No lo harás realidad el primer año. El segundo tampoco, pero acumularás los aprendizajes y experiencias del primero. El tercer año tampoco, pero acumularás los aprendizajes y experiencias del primer y segundo año. El quinto año tampoco, pero acumularás los aprendizajes y experiencias de los cuatro años anteriores. Y habrán pasado diez años y todavía seguirás luchando por llegar a tu objetivo. Con la única diferencia de que ahora serás completamente consciente de que es un objetivo completamente a tu alcance. Solo te queda un pequeño esfuerzo más.
Mientras tanto habrás llevado una vida prácticamente normal. Con pequeños hábitos diarios muy beneficiosos y una mentalidad centrada en tus metas personales, pero nada más. No hace falta convertirse en un mártir.
Muchas veces no apuntamos todo lo alto que podríamos apuntar por miedo a decepcionarnos. Por miedo a que nuestro entorno se burle sutilmente de nuestros esfuerzos por perseguir un sueño tan —aparentemente— inalcanzable. Yo a esto lo llamo “ser modesto por debajo de tus posibilidades”.
Preferimos quedarnos cortos, que pasarnos de frenada.
Y no hay nada más triste que eso.
Hay una frase muy icónica de Albert Einstein que dice así: Como no sabía que era imposible, lo hice. Y ese tiene que ser tu objetivo. Proponte un reto que te parezca imposible y esfuérzate por hacerlo realidad. Tienes demasiados años por delante como para no llegar a cumplir tu objetivo vital.
En el mundo de Berserk uno de los pasos que se propone Griffith para llegar a su objetivo vital es el de conseguir un título nobiliario. En aquella época eso era imposible. La jerarquía en la sociedad se determinaba por nacimiento. El que nacía sirviente jamás había pensado en la posibilidad de ser noble. El que nacía noble jamás había pensado en la posibilidad de ser sirviente.
Para la Banda del Halcón su vida era ser mercenarios. Esa era su identidad. Se comportaban como mercenarios y tenían los pocos derechos que un mercenario puede tener. Ninguno de ellos pensó nunca en aspirar a más porque directamente no existía la posibilidad de aspirar a más.
Hasta que llegó Griffith.
Si para cumplir su objetivo vital era necesario pasar de plebeyo a noble, tendría que encontrar la manera de conseguirlo. Abandonar su sueño no era una opción.
En la década de los 50 había una teoría que decía que ningún atleta sería capaz de correr una milla en menos de 4 minutos. Nadie lo había conseguido. Incluso había un equipo de investigadores en la universidad de Oxford intentando demostrar que las limitaciones físicas del cuerpo humano hacían imposible bajar de esa marca. Cada vez más, todo el mundo, tanto el público como los científicos y los corredores profesionales, estaban convencidos de la imposibilidad de batir esa marca.
En 1954 Roger Bannister consiguió correr la milla en 3 minutos y 59 segundos. Ese mismo año otros 30 atletas consiguieron superar la marca de los cuatro minutos. Durante los siguientes años aparecieron 300 atletas capaces de superarla. Y es que cuando estamos convencidos de que algo es imposible, nosotros mismos ponemos el limitador al esfuerzo que vamos a dedicar a esa tarea. El limitador no se ajusta a la realidad hasta que nos convencemos de que somos más que capaces de llegar a ese objetivo si nos esforzamos lo suficiente.
Quizás tú ahora no te des cuenta, pero seguro que dentro de tres años, cuando hayas acumulado todo el beneficio de repetir unos pocos hábitos durante tanto tiempo, te ves más que capaz de cumplir cualquier meta que te propongas.
El Sentido de la Vida
En la vida, independientemente de la posición social o de la clase determinada por el hombre, hay algunas personas que por naturaleza son las llaves que ponen el mundo en movimiento. Son la verdadera élite, como dicta la regla de oro del universo. —Griffith
Para Griffith el sentido de su vida había estado claro desde que era pequeño. Había sido capaz de sentir en lo más profundo de su ser cuál era su objetivo vital. Y había peleado durante toda su vida por cumplir esa meta.
Aquí yo lo llamo “meta” u “objetivo vital”, pero en realidad para Griffith no fue nunca una meta per se, sino una deuda que el universo tenía con él. De cualquier modo él conoció a muy corta edad el sentido de su vida. Y entendió a muy corta edad el sentido de una vida que merece ser vivida: tener una meta o propósito.
Soy un firme defensor de que nadie puede vivir con plenitud si no es a través de la persecución de su objetivo vital. De la persecución de un deseo tan intenso que te obliga a dedicarte en cuerpo y alma a ello. Vivir consiste en tener un deseo por el que morir. Por el que dar la vida. Por eso muchas personas cambian de mentalidad cuando tienen un hijo. Y por eso Griffith siente tanto rechazo hacia sus propios compañeros: ninguno de ellos vive plenamente. Ninguno tiene un objetivo por el que dar su vida. De otra forma, no estarían dando su vida por el deseo de alguien más.
Esta es la gran paradoja que termina de dar forma al personaje de Griffith: Sin sus compañeros nunca sería capaz de cumplir su sueño. Un sueño por el que sería capaz de sacrificarlo todo. Pero al mismo tiempo, es incapaz de ver como iguales a aquellas personas que renuncian a su propósito vital por seguir a otros.
Griffith sabe que todos sus compañeros han renunciado a sus sueños porque él sabe lo que es tener un sueño. No necesita más pruebas. Si alguien es capaz de dar su vida por el sueño de otra persona es única y exclusivamente porque no tiene un sueño propio. O bien porque nunca dedicó tiempo a conocerse a sí mismo, o bien porque en algún momento de su vida decidió abandonarlo.
¿Y cómo se abandona un sueño?
Este abandono del objetivo vital es lo que frecuentemente se llama “madurar”. Que no es otra cosa más que el eufemismo de aceptar que renuncias a tus sueños para pelear por los sueños de alguien más. A cambio, tendrás la comodidad y la seguridad de un sueldo y un jefe que toma las decisiones difíciles por ti. Tendrás una vida estable y predecible. Monótona, sí. Sin ambiciones, también. Pero estable y predecible. Y es en esa etapa de “maduración” en la que también forjas tu identidad. Una identidad inmutable. Que ya no estás dispuesto a cambiar ni a negociar. Porque tu identidad se forja alrededor de tus valores y eso es algo demasiado valioso como para ponerlo en duda. Si alguien te da un pequeño consejo para ser mejor persona, te verás forzado a rechazarlo porque “tú no eres así”. Si aparece una oportunidad de oro delante de tus narices, te verás forzado a dejarla pasar porque “no se adapta a tus valores”. Hasta el punto en que llegará un día en el que tu vida será remarcablemente miserable pero tú no tendrás ni la más remota idea sobre cómo escapar de ese abismo. Porque tu cerebro llevará tantos años aferrándose a una identidad que hiciste inmutable cuando maduraste que ahora descarta de forma inconsciente cualquier posibilidad o consejo que no esté alineado con tus valores o identidad.
Cuando somos pequeños existe una llama interna en todos nosotros. Una voluntad soñadora que nos hace apuntar alto. Realmente alto. Como debe ser. Pero conforme vamos creciendo, esa llama se va apagando. Adquirimos una identidad y vamos siendo conscientes de lo imposible que sería para una persona como nosotros el alcanzar una meta como esa.
No somos la clase de persona que alcanza un objetivo tan inmenso. Nuestros valores no nos permitirían hacer todos los sacrificios necesarios para llegar hasta ahí. Nuestra identidad no nos permite salirnos del guion que hemos construido durante los últimos años. Sería raro y vergonzoso hacer algo con lo que nuestra familia y amigos no están acostumbrados. Y es así como esa llama soñadora se apaga cada día más. Hasta que terminas por no vivir una vida digna. Tu vida ya no se basa en tener un objetivo por el que morir. Ahora se basa en trabajar por el sueño de alguna otra persona que te ofrece un futuro estable y predecible. Tu llama se ha apagado por completo y será muy complicado que las casualidades del destino vuelvan a generar un chispa lo suficientemente grande como para prenderla de nuevo.
Y eso es lo que realmente molesta a Griffith: Que nadie de entre todos sus compañeros tiene un sueño propio. Nadie de entre todos sus compañeros, excepto Guts, ha crecido construyendo una voluntad lo suficientemente fuerte como para pelear por sus sueños.
Quizás por eso ve en Guts a un semejante. Porque ve en él la figura de alguien capaz de cumplir sus objetivos. Pero Guts y Griffith son muy diferentes en otros aspectos. Guts puede ser su semejante, pero jamás será su amigo. Porque Guts es solo capaz de alcanzar sus objetivos a través de la fuerza bruta. Él no está dispuesto a dar rodeos, ni a cambiar su estilo de combate. Su espada lo corta todo en línea recta.
El estilo de Griffith es completamente opuesto. Su espada se adapta al ritmo de combate. Se adapta a las estrategias del rival y vence los obstáculos no por fuerza bruta, sino por agilidad y movilidad a la hora de dar el golpe de gracia.
Guts es un guerrero. Su identidad y honor son mucho más valiosos que su objetivo.
Griffith es un soñador. Valora más su objetivo que su identidad u honor. Y eso le hace estar aprendiendo constantemente. Cambiando de ideas, pensando nuevas alternativas, buscando mejores soluciones…
Como ya hemos visto al comienzo del libro, Griffith no es un prodigio. Pero si hace una cosa bien, es entender las diferentes adversidades que tiene que superar a lo largo de su camino hacia el castillo blanco.
Las estudia con detenimiento, aprende de ellas, y se nutre de cada pequeño obstáculo. Esa es la clase de persona que da sentido a su vida. Aquella que ve el mundo con los ojos de un niño. De un niño que sueña y mira a su alrededor lleno de dudas y curiosidad. Ansioso por aprender cosas nuevas. Sin miedo a caerse. Porque entiende que se volverá a levantar y que caerse forma parte del camino.
Esto no quiere decir que no puedas ayudar a otras personas a cumplir también sus sueños. Estoy seguro de que Griffith hubiera estado encantado de compartir un objetivo similar con Guts y poder retroalimentarse mutuamente. Luchando codo con codo mientras avanzan al mismo ritmo, cada uno hacia su objetivo. Y no hubiera dudado en desviarse levemente de su objetivo por ayudar a Guts a cumplir el suyo. Pero siempre sin perder de vista su castillo blanco.
También estoy seguro de que, a la mínima posibilidad de que el objetivo de Guts pudiera interferir con el suyo, Griffith hubiera estado encantado de pelear en cuerpo y alma por el bienestar de su propio objetivo. Porque puede ayudar a otras personas a cumplir sus sueños, pero jamás se dejaría arrastrar por ellos, ni daría su vida por un objetivo vital que no fuera el suyo.
La máxima de Griffith es su propia felicidad. Y eso es a lo que debería de aspirar cualquier ser humano.
No puedes ser una palanca de felicidad para tus seres queridos si tú mismo no eres íntegramente feliz. Y no puedes ser íntegramente feliz si no te mueves motivado por tu llama interna.
Parece absurdo tener que escribir algo tan obvio como esto, pero tal y como veo el mundo hoy, creo que es necesario remarcarlo:
El sentido de la vida es ser feliz. No es ser el más justo, ni ser el más libre, ni ser el mejor.
El objetivo máximo es ser feliz.
El Castillo Blanco
El Castillo Blanco representa el objetivo vital de una persona. Su fuego interno. Aquello que da sentido a su vida. Representa a aquello que da sentido a TU vida.
El primer paso es localizar la montaña en la que está tu Castillo Blanco.
El segundo paso es hacerlo tuyo. Aunque todavía no hayas comenzado a escalar la montaña tienes que visualizarte ya en el Castillo. Tienes que interiorizar que es tuyo. Que te está esperando en lo alto de la montaña y podrás disfrutar de él tan pronto como llegues a la cima. Porque es una montaña llena de desniveles y obstáculos. Es una montaña en la que te puedes dejar la vida. Y habría que ser muy idiota para escalar una montaña solo porque vas de turismo al castillo. La mentalidad tiene que ser completamente distinta. Tan solo subes la montaña porque vas a reclamar aquello que es tuyo.
El tercer paso es dar tu primer paso en la montaña.