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DE-DEMOCRACIAEl fin de los partidos
Una propuesta para separar los fines de los medios, medir la intensidad de las preferencias y exigir resultados verificables.
Antes de empezar
De la preocupación ciudadana a una decisión verificable
El capítulo introduce un modelo de democracia descentralizada y participativa que distingue qué objetivos deben perseguirse, cómo comparar los medios disponibles y cómo asignar responsabilidad por los resultados.
Introducción al modelo PVF‑ESM
Introducción
¿Cuál es la forma más justa de dividir un trozo de tarta entre dos personas? Fácil: uno corta la tarta y el otro elige qué trozo se queda.
¿Y entre dos socios de una empresa que desean separarse pero ambos quieren quedarse con la empresa? Fácil: Cada uno declara cuánto estaría dispuesto a pagar por comprar el otro 50% de la empresa, y el que más esté dispuesto a pagar se compromete a comprar la parte del otro. También podría hacerse de la siguiente forma: uno declara qué valor tiene para él el 50% de la empresa, y el segundo decide si por ese valor quiere comprar el 50% de su compañero o vender su 50%.
Para asegurarnos de que las decisiones que se toman sean lo más acertadas y justas posibles se necesita conocer de antemano el resultado esperado y tener los incentivos correctos. En el caso de la política es evidente que no existe ni la una, ni la otra. Por eso degenera tan rápido en marketing lleno de promesas y vacío de contenido. Y de una política deficiente, solo puede surgir una democracia deficiente.
En Occidente nos gusta pensarnos como el faro moral del planeta. Para sostener esa autocomplacencia hemos perfeccionado el arte del eufemismo: llamamos «democracia occidental» a un mosaico institucional que, bajo la superficie, comparte con cualquier sociedad los mismos incentivos, inercias y vicios.
Conviene empezar por el principio. La democracia no nació como un eslogan, sino como práctica cívica en algunas polis —sobre todo Atenas—: democracia directa en la ekklesía, deliberación en el ágora, cargos por sorteo en la boulé y grandes jurados. Participaban ciudadanos varones libres; quedaban fuera mujeres, esclavos y metecos. No era «participativa» en el sentido moderno, pero sí un régimen de intervención directa con mecanismos para fomentar la asistencia y cortar abusos, como el ostracismo.
Pero tras muchas transformaciones a lo largo de los siglos, nuestra democracia ya no es aquella, y no solo por escala. Optamos por modelos representativos: votamos de forma periódica y delegamos agenda y ejecución en partidos políticos. Existen canales adicionales —iniciativas, consultas, presupuestos participativos, comisiones, derecho de petición—, pero su peso real es desigual. En la práctica, el ciudadano medio firma un cheque democrático con fecha de caducidad y vuelve a su vida. Aquí aparece la palabra que mejor representa nuestro sistema actual: partitocracia. No es una categoría jurídica, pero describe una deriva conocida: disciplina de voto, listas cerradas, control de la agenda por el ejecutivo, uso intensivo del decreto-ley, colonización blanda de reguladores y una maquinaria de comunicación que convierte la política en campaña permanente. Hay contrapesos —parlamento, tribunales, fiscalización, normas europeas— y mecanismos como la moción de censura o la cuestión de confianza; lo que no suele haber es revocatorio ciudadano del jefe del gobierno. La rendición de cuentas existe, pero es diferida y, a menudo, asimétrica respecto a las promesas.
La pregunta, entonces, es menos retórica de lo que parece: ¿queremos seguir aceptando una participación episódica envuelta en liturgia, o vamos a exigir un sistema que permita a la ciudadanía ser responsable de sus propios asuntos y preocupaciones? Eso es lo que propongo yo en este ensayo: cómo retomar el control de nuestras decisiones, y transformar nuestras preocupaciones en soluciones efectivas. En definitiva:
Explicación Sencilla
El sistema democrático participativo que planteo yo funciona en dos fases bien diferenciadas: En la primera votas QUÉ se desea conseguir (el fin); en la segunda fase se vota CÓMO se desea conseguir (los medios).
Gracias al planteamiento de «votos limitados» una persona solo puede votar unos pocos fines, y un solo medio para cada fin. Se pueden otorgar varios votos a un mismo fin, pero entonces no podrás dedicar esos votos a otros fines. De esta forma conseguimos revelar cuánta gente desea un fin, y con qué intensidad.
Luego, 1) al separar los medios de los fines y 2) permitir únicamente votar por un medio si previamente habías votado por perseguir ese fin, también conseguimos que solo la gente realmente implicada con un fin pueda decidir cuál será la mejor forma de llevarlo a cabo.
Modelo PVF-ESM
El Modelo PVF-ESM (Persona-Votos-Fin + Evaluación-Selección de Medios) propone un sistema de participación ciudadana recurrente, con medidas y fines proporcionalmente ponderados a la importancia que cada persona atribuye a los diferentes problemas de corte público.
Está dividido en dos fases. Una primera fase (PVF) en la que las personas votan cuáles son los fines más importantes a perseguir durante un periodo de tiempo X. Luego, una segunda fase (ESM) en la que se evalúa y se elige el medio más apropiado para perseguir cada fin.
Primera Fase
En la fase PVF los ciudadanos votan por los problemas de actualidad que son más importantes abordar en el tiempo próximo.
Selección de Fines
Primero, se presentarán fines que de forma clara expresen el problema que se pretende abordar, evidencia breve, e indicadores precisos con los que medir el impacto. Por ejemplo: Agilizar las colas de espera en la seguridad social para tumores malignos.
La evidencia puede ser un parte médico en donde se presenta el diagnóstico y una citación a 8 meses vista para operar el tumor. El indicador con el que medir el impacto sería el tiempo medio de espera desde que se detecta un problema de este tipo hasta que la seguridad social se encarga de tratarlo.
En este caso, como estos datos están recogidos en las bases de datos de la seguridad social, tanto la evidencia como el indicador para medir su posterior mejora serían muy fáciles de obtener.
Votación de Fines
Después, para su votación, existe un sistema de Créditos Ciudadanos (CC) que otorga 25 créditos a cada persona física. Estos 25 créditos se pueden utilizar para votar uno o varios fines que se desean perseguir.
Por ejemplo, supongamos los siguientes problemas sociales actuales y el fin a perseguir:
- Reducir el tiempo de espera en los hospitales.
- Incrementar el mantenimiento de las vías públicas.
- Reducir la tasa impositiva a las rentas medias.
- Mejorar la seguridad en las calles.
- Luchar contra la tasa de desempleo.
En este escenario uno podría elegir cómo y entre qué fines repartir sus 25 CC. Por ejemplo, asignar 15 CC a mejorar la seguridad en las calles, 8 CC a reducir el tiempo de espera en los hospitales, y 2 CC a reducir la tasa impositiva a las rentas medias. De esta forma conseguimos dos hitos verdaderamente importantes:
Además, existe otro mecanismo adicional para expresar todavía con más precisión la intensidad de preferencia: el valor de los CC es cuadráticamente decreciente. Esto, un poco más complejo, significa que:
- 1 CC equivale a 1 voto.
- 4 CC equivalen a 2 votos.
- 9 CC equivalen a 3 votos.
- 16 CC equivalen a 4 votos.
- y 25 CC equivalen a 5 votos.
De esta forma, si tu preferencia por mejorar la seguridad en las calles fuera muy intensa, podrías votar hasta 5 veces (25 CC) ese fin; siendo consciente de que también podrías votar 25 fines diferentes si decidieras repartir tus CC entre 25 propuestas distintas.
Si el coste de votar un fin no fuera decreciente, no estaríamos expresando la intensidad real de nuestro voto con cada CC empleado.
Esto también permite sopesar cuáles son los fines con un apoyo más amplio, y no solo con un apoyo más intenso. Por ejemplo, si todo el mundo dedicara 1 CC a reducir el tiempo de espera en los hospitales, aunque los 24 CC restantes se dividieran entre el resto de medidas según las preferencias de la gente, este fin social podría quedar en el primer puesto reflejando que todo el mundo desea perseguirlo, aunque no sea un deseo intenso en la mayoría de la gente.
Con el fin de evitar un efecto «bola de nieve» y que las propuestas con más votos o las más accesibles sean popularmente las más votadas, el conteo de votos de cada medida estará oculto hasta el final de las votaciones. Además, la lista de medidas aparecerá en orden aleatorio para cada usuario. Adicionalmente, entendiendo que una nación se construye de abajo a arriba del mismo modo que se construye de arriba a abajo, cada ciudadano dispondrá de 25 CC para votar fines nacionales y otros 25 CC extra para votar fines de su localidad.
Ya que el proceso de voto de fines y medios funciona exactamente igual a nivel de país que a nivel de localidad, no será necesario duplicar las explicaciones de este ensayo para incluir el proceso de voto local.
También, para evitar que fines con mucho apoyo popular puedan perjudicar a una minoría, cada persona podrá gastar 5 CC para denunciar el perjuicio de un fin.
Fines con grandes tasas de perjuicio serán revisados por un jurado que se encargará de contemplar los riesgos y la aprobación o desaprobación de este fin.
Alternativa: Una persona puede gastar 10 CC para denunciar el perjuicio de un fin. Fines que concentren una gran tasa de rechazo serán vetados directamente por decisión popular. De esta forma, expresar rechazo por un fin en concreto sale muy caro, pero esa opinión es tenida en cuenta.
Por último, el ranking de apoyo a cada uno de los fines no es significativo a la hora de decidir qué fines se llevarán a cabo. En su lugar, existirá un umbral de votos con el que se decidirá si un fin es suficientemente deseable o no. Por ejemplo, todos los fines con una cantidad de votos igual a «la población en edad de votar / 2» pasarán a la segunda fase para votar a través de qué medios se llevarán a cabo. —Recuerda que cada persona tiene hasta un máximo de 5 votos (25 CC) por fin. Así que esta exigencia no es muy exagerada—.
Segunda Fase
Una vez que la preferencia de fines sociales a perseguir ha sido expresada por la ciudadanía, hay que desarrollar las medidas adecuadas que son potencialmente eficientes para llevar cabo ese fin. Solo quienes aportaron CC a un fin tienen Derecho de Influencia; esto es, elegir entre los medios para su consecución. Una vez más, el número de votos de cada medida estará oculto hasta el final de las votaciones para evitar influencias externas a la hora de votar.
Pero antes de votar los medios para solucionar un problema, hay que filtrarlos de la mejor forma posible. No queremos que un problema tenga mil medios entre los que votar. Solo unas pocas opciones pueden ser elegidas como soluciones óptimas. Por eso la segunda fase se divide en dos subfases: 1.- Filtrar medios, 2.- Votar los mejores medios para resolver cada problema.
Selección de Medios
Los medios para llevar a cabo un fin parten de un «promotor de medios» que presentará un plan en donde se especifique cómo se llevará a cabo.
Estas propuestas estarán revisadas por expertos. Estos tendrán que puntuarlas tanto a criterio personal, como estimando la media del criterio global. De esta forma, tu incentivo como experto no está en dar únicamente tu opinión —en muchos casos sesgada, o incluso comprada—, sino en ponerte en el lugar del resto de expertos y predecir correctamente cuál será su veredicto. Además, las valoraciones más optimistas y más negativas de cada grupo de opiniones se descartarán del cómputo global. Así, existe un incentivo todavía mayor a estimar una valoración razonable.
El siguiente ejemplo es una simplificación del proceso completo. Una información mucho más detallada será proporcionada en la sección de Explicación Técnica:
Por ejemplo, suponiendo que tú eres un experto que tiene que valorar una medida para solucionar un problema: si crees que esta medida merece un 6 a rasgos generales, pero tú conoces personalmente al promotor y por tu información privilegiada crees que sería una mejor opción que el resto, puedes votarla con un 10 sobre 10. Siempre que estimes —y aciertes— que la propuesta sin esa información privilegiada tendrá una media de aceptación de 6 sobre 10. Así podemos agregar información dispersa entre toda la sociedad y al mismo tiempo ver cuán fiable o sesgada está la opinión de un experto al dar su respuesta. Esto te obliga por un lado a dar tu opinión honesta sobre una medida, y por el otro a valorar esa medida sin la información u opinión personal que posees.
Imagina que para reducir el tiempo de espera en los hospitales públicos salen a concurso tres medidas diferentes:
- Contratar 50.000 médicos más a lo largo de 4 años, con un coste total de gestión de 800.000 € + sueldos.
- Construir 20 hospitales más en Madrid a lo largo de 5 años, con un coste de 20.000.000 €.
- Desarrollar una aplicación de telemedicina para atender a las personas con el móvil, en un marco de tiempo de 2 años y con un coste de 1.000.000 €.
La segunda medida propuesta puede ser muy llamativa para un médico que viva en Madrid. Si solo tuviéramos en cuenta su opinión, él podría darle un 10 sobre 10 y hacer la propuesta mucho más atractiva de lo que en realidad es para el resto de expertos. Pero además de su opinión personal también tiene que predecir la opinión del resto. Si de verdad cree que el resto votará cerca del 10, entonces podemos comprobar cuán sesgada está su opinión.
Si un médico de Madrid le diera un 10 cuando el resto de votaciones han sido: 1, 2, 2, 2, 3, 3 y 4 (media = 2.66 [dejamos fuera al 1 y al 10 por ser las valoraciones más extremas]), aparte de que su voto no sería tenido en cuenta para la valoración final, su Reputación como experto será negativa. Habrá quedado rematadamente lejos de entender cuál era la visión del resto de expertos, con la información que ellos tienen.
De esta forma, no se desincentiva a que un experto vote según su conocimiento personal, pero sí que se evita que influya negativa o positivamente en una medida según lo sesgada que su opinión esté. Así pues, existirá también una recompensa para aquellos expertos que mejor se acerquen a la media de valoración del resto de expertos para cada fin.
Votación de Medios
Una vez que los medios que salen a votación pública han sido filtrados, llega el turno de la votación pública:
¿Cómo podemos decidir qué medios son los más deseables? Aquí se abren tres posibilidades perfectamente discutibles.
Opción 1
Votar públicamente (1 persona = 1 voto)
Las personas que hayan votado por un fin podrán votar Preferencia entre uno de los diferentes medios aprobados por el comité de expertos. Además, existirá la posibilidad de votar «No ejecutar» si ningún medio es deseable para la consecución de ese fin.
Opción 2
Votar Confianza y Preferencias
Con Confianza votas a personas que consideras expertos para un tema en concreto. Así, a estas personas les otorgas mayor poder de voto.
El voto de Confianza de las personas con mucha confianza también vale más que el voto de Confianza de una persona que no ha recibido este apoyo popular. ¿Qué quiere decir esto? Que si un individuo X —considerado «experto» en un tema— otorga su voto de confianza a un individuo Y, podemos asumir que Y también es una persona con cierta relevancia en el asunto.
Luego, todos los que han votado por un fin pueden votar para elegir los medios. Cada uno con un poder de voto igual a la confianza depositada del resto de personas. De esta forma se genera una red de influencia preponderada. Una persona confiable en un tema tiene más poder de voto que alguien que, aunque tiene derecho a voto, no es tan confiable en la materia.
Esta forma de votar democráticamente en la que el voto de todos los individuos NO vale lo mismo tiene aplicación práctica en esta segunda fase porque la ciudadanía ya ha votado qué fines son socialmente positivos, pero se asume también que el grueso de la ciudadanía no es experta ni entiende de manera óptima cómo perseguir esos fines. Así pues, uno puede saber que lo mejor para la mayoría es frenar la inflación, sin tener conocimientos técnicos de economía para perseguir este fin.
Basándonos en este principio, surge una tercera alternativa:
Opción 3
Mercado de Medios
Ya hemos asumido anteriormente que el grueso de la población sabrá qué es mejor para la mayoría, pero no tiene por qué saber qué medios son los más óptimos para llegar a un fin. De esta forma se entiende que en la segunda fase no es necesario que participe el grueso de la ciudadanía. Si las preferencias generales ya fueron expresadas, ahora es trabajo de personas entendidas en la materia el decidir cómo se van a alcanzar esos objetivos.
En el planteamiento anterior «Confianza + Preferencia» la ciudadanía vota a quienes consideran expertos en una materia para otorgarle mayor poder de decisión en esta fase; sin embargo, estas personas pueden estar sesgadas, ser malintencionadas, o haberse ganado la confianza de la gente sin ser realmente expertos en el tema. En última instancia, como las personas que votan un medio no se están jugando nada, pueden «sabotear» o «votar desde el desconocimiento» evitando así obtener un resultado óptimo.
En esta tercera propuesta (Mercado de Medios) este incentivo perverso no existe. La manera de votar en un mercado de medios sería con dinero. Si la medida que tú has votado resulta fructuosa en la consecución del fin deseado, tú obtienes un beneficio también. Si la medida resulta insatisfactoria, tú cargas con todo el perjuicio. Este planteamiento es realmente valioso porque castiga las preferencias individuales y premia la información correcta. Un medio desalineado con el fin planteado jamás recibirá votos, independientemente del peso ideológico o político que pueda tener, porque tiene un gran coste para quienes lo votan. En cambio, un medio muy alineado con un fin específico puede recibir un gran apoyo por parte de los expertos que lo voten aunque no hubiera sido elegido si hubiera votado toda la ciudadanía. De esta forma se consiguen tres metas muy importantes:
- Se genera la tendencia de no votar si alguien no tiene suficiente conocimiento en una materia.
- La información dispersa entre los diferentes expertos se ordenará y agregará de forma eficaz; porque existirá un incentivo para utilizar el conocimiento de manera práctica.
- Los «expertos» que erren en sus predicciones tendrán, cada vez, un incentivo mayor a re-evaluar sus conclusiones o a abandonar el mercado de medios. En cambio, los expertos que realmente sepan de un tema, cada vez que analicen correctamente una medida, recibirán una recompensa económica y tendrán más recursos para influir la próxima vez.
Incluso si tienes poco dinero para votar, cuanto mejor uses tu conocimiento, más dinero tendrás para influir la próxima vez. Este sistema es especialmente útil para premiar a los mejores expertos de una materia, y para castigar severamente a los que se creen expertos sin saber realmente del tema.